WHY. Bob Flanagan

Porque me sienta bien; porque me produce una erección; porque hubo tanta enfermedad; porque yo digo ¡Que se joda la enfermedad! porque me gusta que me atiendan; porque estuve solo demasiado tiempo; porque era diferente; porque los niños me pegaban cuando íbamos al colegio; porque las monjas me humillaron, porque ahí está Cristo y la Crucifixión; porque algún siniestro personaje con capa negra obligaba a comer al cerdito Porky atado; porque había historias de niños colgados de sus muñecas, quemados en el horno, escaldados en calderas; por "Motín a bordo"; por los vaqueros y los indios; por Houdinni; por mi primo Cliff, por los fuertes que construimos y las cosas que hicimos dentro; por lo que hay dentro de mí; por mis genes; por mis padres; por los médicos y las enfermeras; porque ellos me ataron a la cuna para que no me hiciese daño; porque tuve tiempo de pensar; porque tuve tiempo de cogerme el pene; porque tuve dolores de estómago y cogerme el pene lo hacía más soportable; porque me sentí como si fuese a morir; porque me hace sentirme invencible; porque hace que me sienta victorioso; porque soy católico; porque aún me gusta la cuaresma; y aunque gusta mi pene a pesar de todo no me siento culpable; porque mis padres me dijeron: SE LO QUE QUIERAS SER; y esto es lo que quiero ser; porque no soy más que un bebé grande y quiero seguir siéndolo, y quiero una mamá para siempre; incluso una mamá mala, especialmente una mala; por todos los cuentos de brujas y la malvada madrastra, y las hermanastras, y lo sexy que era Cenicienta, tiznada de hollín, condenada a una vida de servidumbre; por Hansel, encerrada en la jaula de la bruja hasta que estuviese los suficientemente gordo como para comérselo; por "O" y cuan desesperadamente yo quise ser ella; por mis sueños; por los juegos a los que jugábamos; porque tengo una imaginación viva; porque mi madre me compraba rompecabezas; porque en las ferretearías se me pone tiesa; por los martillos, los clavos, las pinzas de la ropa, la madera, los candados, las poleas, las chinchetas, las grapadoras, las agujas de coser, las cucharas de madera, los aparejos, las cadenas, las barras de metal, la sonda, las espátulas, la cuerda, el hilo, las esposas, los ganchos, las navajas, las tijeras, las pinzas metálicas, los cuchillos, los alfileres, las palas de ping pong, las pinzas dentadas, los mangos de escoba, las brochetas, los caballetes, los soldadores; por los cuartos de herramientas; por los garajes; por los sótanos; por "El pozo y el péndulo"; por "La Torre de Londres"; por la inquisición; por el potro; por la cruz; por el cuarto de niños de "La Familia Addams" por Morticia Addams y vestido negro con patas de pulpo; por la maternidad; por las Amazonas; por las Diosas; por la luna; porque es parte de mi naturaleza; porque es contranatura; porque es desagradable; porque es divertido; porque llama la atención entre todo lo que es normal (sea lo que sea normal); porque no soy normal; porque solía pensar que era parte de un gran experimento y que había un implante en mi pene que me incitaba a hacer aquellas cosas y les permitía a ELLOS (fuesen QUIENES fuesen) controlar mis actividades; porque tuve que quitarme la ropa y tumbarme dentro de aquella bolsa de plástico gigante para que los médicos pudieran recoger mi sudor; porque hubo una ver que tuve una fiebre tan alta que mis padres tuvieron que desnudarme y envolverme en toallas húmedas para parar las convulsiones; porque mis padres me amaban incluso más cuando sufría; porque nací en un mundo de sufrimiento; porque la rendición es dulce; porque eso me atrae, porque soy adicto a eso; porque las endorfinas en el cerebro son como una clase de heroína natural; porque aprendí a tomarme mi medicina; porque fui un buen chico por tomarla; porque puedo tomarla como un hombre; porque como alguien dijo una vez: TIENE MAS PELOTAS QUE YO; porque es una acto de coraje, porque hay que tener cojones; porque estoy orgulloso de ello; porque no puedo subir montañas; porque soy una mal deportista; porque HAY QUE SUFRIR PARA CONSEGUIRLO; porque LA LETRA CON SANGRE ENTRA; porque QUIEN BIEN TE QUIERE TE HARA LLORAR.

VERSIÓN ORIGINAL. Nº 126: EL CUERPO

METÁFORAS DEL CUERPO

Por Ángel Román
Hace no mucho tiempo en ésta misma revista leí un artículo con el título Cuerpos enfermos escrito por Hilario J. Rodríguez y hablaba sobre la película Su hermano (Son frère, 2002) dirigida por Patrice Chéreau. Su lectura me reveló una cantidad ingente de sensaciones que pensé antes, pero nunca se me manifestaron tan claras como en ese texto. Desde entonces hasta hoy el tema del cuerpo me ha impactado de manera soberbia.

A través del cuerpo sentimos la vertiginosa caída de lo real. Podemos pensar en lo inimaginable, pero el cuerpo limita los actos a hechos posibles. Cada individuo posee un cuerpo irremplazable, único e intransferible. Posee además un volumen, una forma, un territorio bien definido que nos individualiza y nos diferencia de los otros. Todo la realidad se circunscribe entorno al cuerpo, sobre éste se sedimentan los discursos culturales, sociales, políticos, sexuales y religiosos. Nuestro cuerpo, ahora más que nunca, es el centro de batalla de todos esos discursos.

En la postrimería del siglo XX se pudo comprobar como la figura humana estaba teniendo una fuerte representación iconográfica en los medios de comunicación, una imagen del cuerpo que propició una falsa seducción por las formas estandarizadas e impolutas. Dejando indiferente a los cuerpos imperfectos, enfermos, heridos, en otras palabras, marginando a aquellos cuerpos que no encajaran en los moldes normalizados. Con el paso de los años se ha venido constatando la profunda división existente entre lo convencional y lo no convencional, abriéndose un brecha inquietante entre lo aceptado y lo que no se acepta. La extraña obsesión de Occidente por idealizar el cuerpo perfecto ha perforado las mentes de tal manera que ha ritualizado su estética para causar admiración entre los individuos de la misma especie.

Gracias a esta admiración se concede una gran importancia al tradicional canon clásico de belleza. Junto a ella se solapan una serie de impresiones que especulan con un concepto cargado de valoraciones positivas. Lo bello denota que algo o alguien es bueno, excelente, joven y sano. En la época contemporánea, donde se rige por estar dominada por una cultura verdaderamente hedonista, el cuerpo es sinónimo de éxito, salud y juventud. Lo viejo, lo enfermo y lo marginal pasan página como recuerdos de un futuro olvidado. La muerte ni se nombra en la actualidad, ya que designa al cuerpo sin vida. Preocupante situación cuando una cultura borra de su imaginería colectiva una parte de su condición. Los países occidentales son en su mayoría naciones envejecidas, con un crecimiento demográfico mínimo, con alto nivel de esperanza de vida y escasa natalidad. Son eminentemente poblaciones no-jóvenes, pero sin embargo, su cultura ensalza la estética de lo eterno representado la juventud como medida de todas las cosas.

Estamos viviendo al borde de una neurosis permanente al verificar que las metáforas corporales extendidas por el arte, cine, publicidad y televisión son imágenes desestructuradas de los moldes reales, induciéndonos a la pérdida de referentes especulativos posibles. La metrosexualidad garantiza y confirma esa indefinición y lo andrógino de los géneros, no es confusión sino suplantación de los roles femeninos a los masculinos, y viceversa.

Ahora bien, mientras unos están mitificando unos discursos, otros desmitifican otro tipo de discursos, más ortodoxos y esperanzadores. El cuerpo es un contenedor de fluidos, entre otras cosas. Tejidos, huesos, venas, excreciones, músculos, sangre y toxinas son los elementos más normales que podemos encontrar en él. El cuerpo nos da forma a nuestro yo, es parte de él. La naturaleza biológica del cuerpo es el elemento que define todo. Nos condiciona. Según el historiador de arte Juan Antonio Ramírez "nuestro cuerpo, es un ámbito conflictivo difícil de eliminar, un lugar de convergencia o disputa de complejas pulsiones morales, biológicas y políticas. La batalla, la lucha de géneros y de clases, se desarrolla en tu cuerpo, aunque no siempre te des cuenta de ello" . Cada vez somos más conscientes de que nuestro cuerpo es algo performativo, con el que se puede actuar con él y modificarle para hacerlo variable y distinto. Esta es la premisa con la que se presenta Bob Flanagan: la historia de un masoquista (Sick: The Life and Death of Bob Flanagan, Supermasochist 1997), un documental dirigido por el norteamericano Kirby Dick. Un alegato sobre la prolongación de la vida a base de robarle tiempo a una enfermedad mortal.

Bob Flanagan es un artista nacido en 1952 en Nueva York, de joven se trasladó a Los Ángeles viviendo en Glendora, un suburbio de la ciudad. Allí publicó su primer libro de poemas The Kid is a Man (El muchacho es un hombre). Desde muy temprana edad supo que iba a desarrollar una enfermedad terminal, la fibrosis enquistada, que consiste en la formación patológica de tejido fibroso en un órgano. Los médicos no le dieron más de veinte o veinticinco años, pero su capacidad de luchar dolor con dolor le hicieron que viviera un tiempo inimaginable.

Su pincel era su sangre y su cuerpo su lienzo. Encontró en el masoquismo -disfrute con el propio sufrimiento o con lo desagradable- un vía de liberación a su dolor. Heridas, quemaduras, cortes y demás vejaciones hallaron lugar en su cuerpo como expresión artística en museos y galerías de todo Estados Unidos.

Kirby Dick con Bob Flanagan: la historia de un masoquista testimonia visualmente un documento que recoge los momentos más importantes en la vida creativa y cotidiana de un enfermo, pero también de un artista que usa (textualmente hablando) su cuerpo para dar salida a una idea, a un concepto.

Para aquellos que estos temas les suenen lejanos, basta con recordar que durante la década de los ochenta, fotógrafos de la altura de Robert Mapplethorpe hicieron de la estética de lo extremo, del sadomasoquismo, un arte comercial, o dicho de otra forma, más visible. Por esa época también desarrollaban los artistas de la performance sus trabajos a base de ganchos colgantes sobre la piel de la espalda como ocurría con el australiano Stelarc, o las operaciones en directo de los pechos o cara de la francesa Orlan.

Las performance son obras de arte dinámicas, que intentan sobre todo impactar al espectador, efímeras y que buscan premeditadamente romper de una forma brusca con todo tipo de arte socialmente aceptado. La primera palabra que me viene a la mente al respecto es transgresión, o en su defecto, el poder para transgredir.

Los artistas como Bob Flanagan consiguen con sus representaciones una extensión de la radicalidad de sus propuestas, experimentando la sorpresa a través de lo que pueden hacer con su cuerpo. Kirby Dick consciente de lo temporal de estas actuaciones decidió grabarlo y recogerlo en forma de documental para que tuviera su constancia. Pero lo extraño de todo esto es que también la película se podría considerar como una performance visual, ya que ésta usa las reglas cinematográficas -no son ya teatrales- para expresarse y utiliza la cámara para desarrollar la actuación. En cambio en la performance tradicional la cámara tenía un valor testimonial y la actuación se materializaba exclusivamente para el público en escena.

Luchar dolor con dolor como hizo Bob Flanagan es una medicina como otra cualquiera, lo genuinamente bizarre reside en hacerlo arte. Durante todo el documental existe una realidad paralela que queda patentada de una forma espléndida, y que son la alternancia de sus visitas a los médicos y sus actuaciones. Cuanto mayor era su dolor más extremo resultaba la actuación. Su particular "Capilla Sixtina del dolor" hecha a base de fotografías son el retrato del sufrimiento del hombre frente a sus circunstancias, instantáneas realizadas por su mujer Sheree Rose, que representan la radiografía del cuerpo en su estado más íntimo sin ser humillante. Una enfermedad deteriora el cuerpo hasta convertirlo en un elemento pasivo, ineficaz e inservible, siendo conscientes del poder destructivo e inevitable de todo tipo de limitación corporal. A través de ese proceso se intuye que si el propio cuerpo puede deteriorarse prescindiendo de la mente, ésta combate la ausencia corporal con más conciencia del cuerpo, constatando que la enfermedad destruye/descompone la materia, pero no nuestra identidad, lo que somos.

La trasgresión en palabras de Bataille "no es la negación de lo prohibido, sino que lo supera y lo completa" , el performance Bob Flanagan hace de su enfermedad un acto de transgresión premeditada. Primero por radicalizar su odio orientándolo hacia su cuerpo, segundo por conseguir que el masoquismo le ayude a superar y minimizar el dolor de su enfermedad terminal, y tercero, por aferrarse a la vida con una intensidad inusitada. Perder el miedo a la muerte es ya una transgresión absoluta.

Kirby Dick, el director del documental, graba la vida y obra de este creador desde un punto de vista excepcional, desde la intimidad. Hay que ser muy conscientes de morir para hacer del dolor un grito de vida. Por eso el cuerpo exhibido en la película es una auténtica metáfora de la condición humana, de sus limitaciones y capacidades.

Decía Aristóteles en su libro Poética que metáfora "consiste en dar a una cosa el nombre de otra", creo que ahora es el momento para reconsiderar y devolver al concepto del cuerpo su finalidad en nuestra cultura, encaprichada con ofrecer cuerpos estéticos y no saludables como debería ser, ya que inevitablemente pensamos que bello denota algo sano, positivo y bueno. El cuerpo es una auténtica metáfora social debido a que con él se perciben los prejuicios y valores de la sociedad que los crea.

Bob Flanagan murió en 1996, mucho más tarde de lo que los médicos pensaron que iba a resistir y sin saber que su concepto corporal sería una liberación para otras minorías como feministas, gays, lesbianas y grupos que piensen que el cuerpo no deba connotar los dictados estéticos del poder establecido.
----------

1 HILARIO J. Rodríguez, “Cuerpos enfermos”, en, Versión Original, Nº 116, mayo, 2004, Cáceres.

2 RAMÍREZ, Juan Antonio, Corpus Solus, Ediciones Siruela, 2003, Madrid, pág. 14.

3 BATAILLE, Georges, El erotismo, Tusquets, 2005 (1ª edición 1957), Barcelona, pág, 67.